En un momento en que tanto el Gobierno como las organizaciones profesionales de periodistas han señalado los graves problemas que afectan a la programación televisiva y a la situación de los periodistas la Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP) aporta la experiencia de sus sindicatos.

En las últimas semanas se han producido distintos hechos que afectan directamente a la vida profesional de los informadores. Por un lado, el Gobierno parece haber reaccionado a la situación insostenible de algunas programaciones televisivas; por otro, se ha producido la denuncia pública de la precariedad laboral y profesional de los periodistas mediante un manifiesto de varias organizaciones profesionales. La Federación de Sindicatos de Periodistas saluda con satisfacción que unos y otros compartan las preocupaciones que los sindicatos venían manifestando desde largo tiempo atrás.

Sabíamos que esta coincidencia de criterios en algún momento se habría de manifestar y hace evidente que los conflictos laborales y profesionales de los periodistas son inseparables en su tratamiento. Además de celebrar las iniciativas del Gobierno y de las diversas organizaciones, queremos aportar alguna reflexión que ayude a no desperdiciar lo hecho hasta ahora y aprovechar las experiencias acumuladas.

Necesidad de autorregulación
La convocatoria hecha por la vicepresidenta del Gobierno a las empresas de televisión como consecuencia de los hechos por todos conocidos, ha hecho evidente la urgencia de fórmulas de regulación legal de esos medios, que gozan de una concesión pública y tienen por tanto responsabilidades a ese nivel. Como debe recordar el propio Gobierno, no es su primer encuentro con estos interlocutores y los nulos resultados obtenidos imponen articular, de una vez, algún procedimiento eficaz. Lo contrario solo aportaría una nueva decepción a la ciudadanía.

La coincidencia en la necesidad de la autorregulación es importante; aunque, en la práctica, esta poco significará si esas empresas no hacen público en base a qué y sobre qué se autorregularán. Como ocurre en todos los países donde existe esta práctica, toda la ciudadanía conoce cuales son esas normas y existe alguna autoridad, independiente tanto de los gobiernos como de los operadores, que vela por su cumplimiento y, como mínimo, hace la necesaria denuncia pública de las infracciones.

Precariedad laboral y profesional
Tanto la enumeración de las fórmulas de vulneración de los derechos de los periodistas que practican las empresas de medios como la demanda para que estas revisen sus procedimientos de contratación y abandonen esas prácticas merecen una rotunda aprobación.

Por lo mismo queremos aportar algunos elementos, fruto del trato diario con la precariedad imperante en nuestro sector, con el fin de asegurar la eficacia de la propuesta:
– La relación laboral de los periodistas a la pieza (colaboradores) está reconocida por infinitos fallos judiciales y por las propias autoridades del Ministerio de Trabajo; aunque estas últimas, incomprensiblemente, no hallan fórmulas de actuación.
– La utilización de los mal llamados «becarios o estudiantes en prácticas» para ocupar puestos de trabajo vulneran claramente la esencia del decreto ley que creó esa figura. Las autoridades laborales poco pueden hacer ya que no son oficialmente trabajadores y la mayoría de las facultades no lo tienen como una preocupación.
– Es muy interesante el aporte de “tarifas orientativas” para los precios de las colaboraciones. Sin embargo, al tener ese obligado carácter y al ser negociadas de forma individual frente a la posición dominante de quien oferta el trabajo, tememos que serán de muy difícil aplicación.

Buenas prácticas
Tenemos en estos momentos una oportunidad estupenda para que las «buenas prácticas contractuales», que con tan buen criterio se recomiendan, produzcan el efecto deseado.
Aun no se ha cerrado la negociación del Convenio Colectivo de la Prensa Diaria y este es el momento para exigir de forma conjunta que estas buenas prácticas, incluido el derecho a los Estatutos de Redacción, se introduzcan en él. De esta forma, ningún periodista quedará marginado de ellas, y las empresas habrán confirmado su voluntad de aplicarlas.

Luego quedaría introducirlas en la próxima negociación del Convenio Colectivo de Prensa no Diaria, un espacio de inmensa precariedad, y pedir la apertura de una mesa negociadora para llegar a un convenio de las mismas características en el sector audiovisual. De esta forma, los legítimos representantes de los trabajadores podrán velar por la correcta aplicación de las buenas prácticas en cada empresa y tan loable iniciativa no se perderá en el terreno de las buenas intenciones.

Creemos que toda la profesión saludaría los resultados de este esfuerzo conjunto de todas las organizaciones de periodistas, para el cual la FeSP estará como siempre en primera línea.

12 de diciembre de 2007

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