La introducción del castellano como lengua habitual en amplios espacios de la nueva programación de Radio-4 ha maltrecho la supuesta intencionalidad de los actuales directivos de la casa, y de la dirección de RNE en Madrid, de renovar la programación de la emisora para aumentar la audiencia. Una audiencia que si había caído en picado en los últimos años -del 83 hacia aquí- no era sólo por la inalcanzable competencia de Catalunya Radio, sino también por la impenitente desidia -y reiterada ignorancia- de los directivos tanto de Barcelona como de Madrid hacia esta emisora que fue la primera en utilizar el catalán como lengua de comunicación radiofónica.
Resulta contradictorio que se utilice un lema que quiere recordar a los oyentes que Radio-4 estaba presente en catalán en el dial de sus aparatos, hace muchos años, «seguro que te suena», y por otra banda no se dude en introducir el castellano en los programas estrella de la nueva programación, como por ejemplo el magazine de Jordi González, por las mañanas, así como las colaboraciones y tertulianos de este y de otros programas de la emisora, además de no dudar tampoco a elegir, a menudo, unos contenidos tan burdos, groseros y frívolos que ponen Radio-4 a la altura de la peor radio-basura del momento. Si este es sólo un cebo electoral -ya que la inversión millonaria que se ha hecho para renovar la programación responde a un interés personal del portavoz del gobierno, Josep Piqué y, por extensión del Director General de RTVE, Pío Cabanillas, reconocido por ambos a la fiesta del 50º. aniversario de RNE en Catalunya- para captar presuntas audiencias de habla castellana de cara a las próximas elecciones generales, es preciso pensar que el cálculo se les puede ir de las manos. Las audiencias castellanas no cambiarán a Radio-4 teniendo a Luís del Olmo en Onda Cero, Iñaki Gabilondo en la SER, y al mismo Carlos Herrera en RNE, para quién quiera contenidos más difíciles de digerir. En todo caso había que, tras gastarse tanto dinero que no ha llegado a los trabajadores de plantilla ni a sus programas, ir a buscar audiencias diferentes, en catalán, cansadas quizá de la fórmula radiofónica tan parecida de Josep Cuní en la COM, o de Antoni Bassas en Catalunya Radio.
Por ello nos preocupa que esta intromisión del castellano en Radio-4, lejos de formar parte de algún tipo de estrategia pensada por algún político, no sea, otra vez, como en el pasado, sólo que el producto de la desidia, el desinterés o el descontrol de los actuales directivos. Si es así, lástima de dinero -de todos los contribuyentes- tirados por una emisora, Radio-4, que no saldrá del agujero. Y van…
Barcelona, 30 noviembre 1999