La comparecencia ayer del director general de la CCRTV, Joan Majó, en la comisión de control del Parlamento fue clarificadora de una manera de hacer y de pensar continuista en relación a la herencia del pasado, y frívola en relación a algunos proyectos de futuro.

Interpelado por los informes escritos con acusaciones contra profesionales de TV3 que estaban en manos del gobierno de CIU en los que se implicaba como informadora la actual Jefe de selección de personal, el director general lo calificó todo de insinuaciones “anónimas”, que hacían imposible un careo para contrastar la negativa de la implicada, pero no explicó por qué no se hacía una investigación para averiguar la autoría de los informes, que es posible y viable, siempre que se quiera. Quizás porque destapar las miserias del pasado, que el SPC denunció reiteradamente, cuando era norma de la casa que “quien paga, manda”, pondría demasiado en evidencia el continuismo en una serie de áreas de gestión de TV3 y de otras empresas de la Corporación. Para nosotros, aclarar los hechos no es hacer una caza de brujas, sino poner las cosas en su lugar para poder levantar un proyecto de futuro no contaminado de las lacras pasadas, de las que se abomina formalmente pero de las que se subestiman las consecuencias.

Y hablante de futuro, fue sorprendente también el interés demostrado por el director general por la propuesta de la SEPI de desestructuración de RTVE, de la que afirmó que no había muchas cosas a aplicar en la CCRTV , porque algunas ya se habían llevado adelante, pero sí que en otras podría inspirarse, como es la propuesta de aplicar sinergias entre las redacciones de TV3 y de Catalunya Ràdio. Idea esta que ya lanzaron otros directores generales, deslumbrados quizás por el espejismo de unificar trabajos y rentabilizar polivalencias, pero que como acostumbra a pasar con algunos gestores poco informados, ignora criterios básicos de la comunicación y la necesaria diversificación de mensajes según el medio. Mensajes que no se pueden unificar en audiencias, ritmos y tiempos diferentes. Y deslumbramiento que suele estar guiado sólo por criterios económicos de abaratimiento de gastos, que no prestan atención a la calidad de la información.

Haría mejor el director general de rentabilizar el sueldo y el trabajo de antiguos comisarios políticos, resituados hacia arriba e incluso intercambiados entre TV3 y Catalunya Ràdio, y con más responsabilidades pasadas que la Jefe de selección.

En todo caso, sorprende tanta prospectiva de futuro cuando se acerca la aprobación de la reforma de la Ley de la CCRTV, que debe acordar nuevos criterios de elección del director general, por consenso o por mayoría, según el nuevo modelo que debe definir el Parlamento, y en ingún caso la SEPI ni ninguna otra comisión que se inspire en ella.

Barcelona, 18 de marzo de 2006.

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