El Sindicat de Periodistes de Catalunya / Sindicat de Professionals de la Comunicació ha comenzado en Tarragona los actos de celebración de su XX aniversario. Lo hizo el pasado 24 de octubre, cita que se vio acompañada con la movilización del sector educativo contra la reforma de la LOMCE , la LEC y los recortes en la enseñanza, movilización que apoya el SPC. El Ayuntamiento de Tarragona cedió el salón de actos para celebrar la mesa redonda «Ahora que tenemos veinte años: nuevos retos, nuevas respuestas”.

El director del semanario El Vallenc, Francesc Fàbregas; el ex periodista de la Radio y Televisión municipales de Cambrils (cerrada por decisión política), Jordi Pazos, y el presidente del SPC, Ramon Espuny, iniciaron el debate de la sesión, presidida por el consejero de Relaciones Ciudadanas del Ayuntamiento, Paco Zapater, que destacó la importancia de la información y de los medios de comunicación, así como de la responsabilidad que tienen los periodistas.

Jordi Pazos confesó que el proceso de cierre de la radio y televisión públicas de Cambrils resultó “muy duro”, además de que los trabajadores se sintieron “engañados y decepcionados” por el Ayuntamiento, a lo largo de un proceso en el que contaron con el apoyo y la asesoría del SPC en las negociaciones con el consistorio. Afirmó que «la crisis ha sido la excusa perfecta para que los políticos cerraran la radio y la tele». Pazos asegura que tal como el equipo de gobierno municipal ha gestionado el fin de los medios públicos locales en Cambrils, «si sumamos lo que han costado los despidos y el cierre de la radio -aunque se mantiene la señal de la emisora – y la tele, podríamos transmitir durante dos años más con todos los gastos pagados”. Jordi Pazos se queja de que no ha habido voluntad política” para mantener el medio público, a pesar de las alternativas propuestas por los trabajadores». Espera que, de cara al futuro, no sea tan fácil deshacerse de los medios públicos de comunicación.

El director de El Vallenc – casi el único medio de comunicación que en estos años de crisis no ha hecho ni un solo despido, sino todo lo contrario- comparó el periodismo de hoy con el de hace 25 años. Si bien se declara optimista, reconoce una pequeña contradicción: “el futuro es esperanzador ya la vez preocupante”. Más que la crisis económica -dijo- “me preocupa la crisis de modelo. Debemos recuperar el periodismo de calle y apostar por la proximidad, aunque no sea la apuesta política. El rigor, la calidad, la profesionalidad y la pluralidad son las claves del éxito periodístico”. Francesc Fàbregas ha hecho una defensa acérrima de la prensa comarcal que emplea a más de 1.000 trabajadores en Cataluña y que cuenta con más de un millón de lectores. Asegura que los pequeños medios no pueden estar basados en las subvenciones “porque estas se las llevan todas los grandes medios”, y cree que “son pan para hoy y hambre para mañana”. Su receta pasa por “reinventarnos y salvar el periodismo, alejándonos del copia y pega” que se practica en muchos medios.

Por su parte, Ramon Espuny ha defendido la misión del sindicato y ha enumerado algunas de las victorias que el SPC ha conseguido para la profesión. Después de decir que la crisis es tecnológica, económica y publicitaria, Espuny ha insistido en la protección de los profesionales a través de los comités de empresa y en explicar que la información pertenece a la ciudadanía, tal como indica el Artículo 52 del Estatuto de Catalunya. Reconoce que hay mucho trabajo por hacer, pero no olvida que “se han dado pasos pequeños y firmes” en una profesión que cuenta ya con más de 8.000 despidos en el conjunto del Estado español.

Algunos de los asistentes, cuestionaron la desaparición del «periodismo romántico» y del interés en informar bien a la ciudadanía. La respuesta pasa por evitar la polivalencia salvaje y entender que el derecho a la información es propiedad de la ciudadanía y no de los intereses empresariales y políticos. Las luces de la sala se cerraron, pero las velas de la lucha sindical continúan encendidas, para evitar la degradación laboral y la sangría de despidos.

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